A principios de los años noventa el Banco para el que entonces trabajaba me encargó hacer una limpia de préstamos y créditos en una serie de empresas. En una de aquellas reuniones, con una multinacional francesa, cuando les dije que no se iba a renovar una cantidad importante de dinero, al Director Financiero se le puso cara de susto y me dijo “¡pero si las pólizas se hacen para renovarse!". El susto se le pasó y la empresa al llegar el vencimiento pagó hasta el último céntimo. Pero ese día, y este es el asunto, aquel Director Financiero entendió que al vencimiento los pasivos financieros siempre son exigibles, sean cuales sean tus expectativas. Entre la gente de banca se dice, en broma, “la deuda ni se crea ni se destruye... se renueva”, y estos años lo hemos visto mucho, en el sector inmobiliario y en el industrial entre otros, pero ha sido algo coyuntural, derivado de la incapacidad para entender lo que estaba pasando. Ahora la fiesta se ha terminado.

La capacidad de una empresa para pagar sus deudas financieras como y cuando se vuelven exigibles es lo que técnicamente se llama Riesgo Financiero, según el conjunto de obligaciones que tiene con sus proveedores de fondos, con los Bancos. En cualquiera de los casos, en el importe o en el momento, si la empresa falla el banco interviene, le quita la libertad en la toma de decisiones y le impone sólo una: pagar.

Nuestras Leyes dan un poder enorme a los Bancos para defenderse de los incumplimientos contractuales, les da una fuerza ejecutiva tremenda si se han formalizado bien las cosas, una capacidad de embargo inmediato. Y entonces la empresa se enfrenta a sus peores pesadillas. Deja de existir el mediano o el largo plazo, la planificación estratégica o cualquier otra cosa, simplemente tiene que dedicar todos sus esfuerzos a pagar, no importa el precio. Esta acaba siendo la principal razón por la que las empresas buscan acogerse al Concurso de Acreedores, una defensa que, demasiadas veces, acostumbra a resultar fatal.

Hoy todos sufrimos las consecuencias de la catástrofe económica en la que estamos metidos. Hay mucho trabajo que se está haciendo, y bueno, de abrir nuevos mercados, de hacerse más pequeño o más grande, de inventarse otra vez. Pero para llegar hay que poder trabajar, hay que poder caminar. Por eso las empresas procuran tener cubierto lo importante, controlar los grandes frentes, aquellos que pueden provocar un colapso total, y uno de ellos es el Riesgo Financiero.

Conozco muchas empresas que en los próximos doce meses, el corto plazo, no están seguras de que podrán cumplir sus compromisos financieros, algunas que sí y otras que saben que no podrán. Las que no están seguras y las que creen que no podrán cumplir tienen que hablar con sus Bancos. Simplemente no pueden asumir ese riesgo. Y a los que piensan que no pasa nada, que las deudas ni se crean ni se destruyen... se renuevan, les daría igual irse a su casa y dedicarse a otra cosa.

(...)

25 de abril de 2012

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